Mr. Veto

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FÉLIX CORTÉS CAMARILLO

En una de sus últimas arengas a los votantes norteamericanos el martes pasado, día de las históricas elecciones del vecino, el presidente Donald Trump les recordó la recuperada magnificencia del país, lograda a partir de su buen gobierno, y con una larga lista de sus pretendidos logros, reduciendo el peso de realidades que finalmente fueron decisivas en los resultados de las casillas: La injustificada y sumamente perjudicial para Estados Unidos guerra contra Irán, las dificultades económicas y su cercanía extrema con la política de Israel.

 Evocando a los que en nuestras tierras suelen decir -mentirosos y con sorna- que ellos no son iguales a los que estaban antes en el poder, el presidente Trump subrayó que, aunque su nombre no estaba en las boletas de votación, él estaba presente y que deberían votar por él y la grandeza americana. Bueno, también dice que el Golfo de México es de él.

En la primera reacción a los resultados oficiales de la votación, Donald declaró que si su nombre hubiera estado en las boletas de votación, los republicanos habrían barrido victoriosos. En la entrevista con su canal favorito, FoxNews, sugirió que en el caso de una derrota republicana en la composición del Congreso y sus mayorías, él se convertiría en Mr. Veto, haciendo uso del privilegio ejecutivo del Presidente para dar marcha atrás a lo que decida la mayoría simple.

¿Entienden que es un político?

En lo que asimilamos esa premisa, en México nos hemos tomado  mucho tiempo en celebrar la debacle republicana y el triunfo demócrata, la importancia del voto  hispano -que al final de cuentas es esencialmente de los mexicanos, la emergencia de las minorías (mujeres, negros, un musulmán, negras, latinos o uno abiertamente homosexual) que llegaron a puestos con los que antes sólo soñaron .

Pero poco nos hemos ocupado de la lección que nos deja a los mexicanos la experiencia de este noviembre gringo.

No tengo el dato oficial, pero me cae que el abstencionismo, la apatía, el desdén hacia el acto de votar, precisamente de las minorías, y que se redujo notablemente esta vez, jugó un papel muy importante. Si los apáticos se hubieran quedado todos en su casa, otro gallo le cantara a Donald Trump.

Regreso a mi planeta.

En las elecciones de 2018, Andrés Manuel López Obrador ganó la presidencia de la República por  el 53.19% de los votos emitidos. Anaya, en segundo lugar, se llevó el 22.7. En términos reales, la diferencia fue de 17 millones y medio de votos.

La abstención de los mexicanos fue del 36%, más de la tercera parte de un padrón de 89 millones 300 mil y pizcacha.

Si esos casi 30 millones de mexicanos hubieran acudido a votar, tal vez otro gallo nos cantara. Pero, ya se sabe, el hubiera no existe.

Eso lo aprendió duramente Donald Trump el martes.

Nosotros deberíamos comprenderlo ya. Esa es la lección del 3 de noviembre.

PILON PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): Lo digo y lo repito, yo no voy a meter la mano al fuego en defensa de Lorenzo Córdova Vianello, en el sainete armado por Presidencia a propósito de las trapacerías de Guadalupe Taddei y su corte en los dineros millonarios del INE.

Pero no aguanto la risa ante el ridículo espectáculo de la señora presidente con A de mujer defendiendo a capa y espada a la señora Taddei y su panadilla, que sigue ahí a pesar de las innumerables renuncias.

Me recuerdan al tutor de doña Claudia aceptando que los que antes gobernaban no eran mejores que ellos.

O como dijo el alcalde famoso: Sí robé, pero poquito.

felixcortescama@gmail.com

Thursday, November 5, 2026

14:29

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